Las preocupaciones de los miembros de la alta sociedad rara vez coinciden con las de populacho. Se trata de dos estratos que en contadas ocasiones coinciden en sus desvelos nocturnos y es por ello que las estirpes de alta alcurnia procuran evitar relacionarse con la chusma que habita en los escalafones sociales más bajos. La excepción que confirmaría la regla sería quizás el aristócrata Sebastian Flyte que tiene el pésimo gusto de verse aquejado de los males que suelen asolar a la gentuza que no vive en mansiones en el campo. Sus impulsos sodomitas y su especial querencia por las bebidas espirituosas producirán un cisma familiar nunca visto en la historia de una de los linajes con más abolengo de toda Inglaterra. Las fuertes convicciones católicas de la ilustre familia Flyte no conseguirán, por desgracia, alejar a Sebastian de la senda del pecado y el vicio en la que empezó adentrarse en sus años mozos en Oxford. Su antaño compañero de correrías nocturnas en la época universitaria, Charles Ryder, pronto se percatará que abrazar la fe sería la única manera de que Sebastian pudiera ver la luz y alejarse de la perniciosa influencia que suponen para su persona las bebidas de alta graduación y los marineros con enfermedades venéreas.
“The view implicit in my education was that the basic narrative of Christianity had long been exposed as a myth, and that opinion was now divided as to whether its ethical teaching was of present value, a division in which the main weight went against it: religion was a hobby which some people professed and others did not; at the best it was slightly ornamental, at the worst it was the province of "complexes" and "inhibitions"--catchwords of the decade--and of the intolerance, hypocrisy, and sheer stupidity attributed to it for centuries. No one had ever suggested to me that these quaint observances expressed a coherent philosophical system and intransigeant historical claims; nor, had they done so, would I have been much interested”.
Evelyn Waugh (1945). Brideshead Revisited