Un fantasma recorría Europa: el fantasma del Comunismo. Gracias a Dios, o a cualquier otra entidad divina antropomorfizada que la turba venere, y a la gran labor social de los Camisas Negras, en Italia nunca se llegó a instaurar esta perniciosa forma de gobierno. Uno de los miembros más destacados de los fasci italiani di combattimentto es sin lugar a dudas Attila Mellanchini (Donald Sutherland), venerable caballero que daría su propia vida por el triunfo de la libertad y por la derrota del socialismo. Para arengar a las masas no hay mejor manera de hacerlo que mediante sutiles metáforas. Attila, conocedor del hecho de que para movilizar a la gente el método más convincente y persuasivo es a través de ejemplos gráficos, utilizará como conejillo de indias a un lindo gatito. Después de machacar con su propia cabeza a un felino, que en realidad representa la maldad intrínseca de este movimiento que aboga por la sociedad sin clases, el populacho acabará entendiendo las grandes virtudes del fascismo.
“Communists are smart. They play on your human feelings. They're like this little pussycat, it plays on your human feelings. Eh? Communism is a disease. It can destroy the world. Come outside. If this little pussycat has got Communism, you can't think of this little pussycat. You've got to think of all the other pussycats, and protect them. You've got to protect all those pussycats. You gotta look at that pussycat, and say, "That's not a pussycat. That's a Communist." And you've got to destroy it!”
Franco Arcalli, Bernardo Bertolucci y Giuseppe Bertolucci (1976). Novecento.