En su propia estupidez Charlie Gordon vive feliz. Se retraso intelectual le impide ver como sus compañeros de trabajo de la panadería se mofan y burlan de él constantemente, con lo cual, ajeno a la crueldad, Charlie es capaz de aislarse de la mezquindad humana que le rodea. La ciencia obra milagros y Charlie se beneficiará del gran desarrollo de la psicología experimental para ver aumentado su CI de una forma espectacular. Con las habilidades recientemente adquiridas, Charlie empezará a ver las cosas de otra manera, incluido el siempre apasionante mundo de las relaciones con el sexo opuesto. Superada la timidez propia de la inexperiencia, Charlie intentará acercarse a las féminas con el loable anhelo de la cópula aunque su manera de abordar a las mujeres puede producir algún que otro mal entendido. Y lo más extraño de todo ello es que mientras Charlie se aleja corriendo para salvaguardar su existencia cuando la turba furiosa quiere lincharle por un enfoque erróneo durante el proceso de flirteo, en el fondo, le gustaría que le flaquearan las piernas para que la masa desesoa de sangre y justicia pudiera romperle todos los huesos de su cuerpo.
"Remembering how my mother looked before she gave birth to my sister is frightening. But even more frightening is the feeling that I wanted them to catch me and beat me. Why did I want to be punished? Shadows out of the past clutch at my legs and drag me down. I open my mouth to scream, but I am voiceless. My hands are trembling, I feel cold, and there is a distant humming in my ears."
Daniel Keyes (1960). Flowers for Algernon